Von Berh "Rebeca" (1938)
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Anterior a tu cuerpo es esta historia Tercas simulaciones desocupan En vano recorremos |
José Manuel Caballero Bonald
Un pobre hidalgo de aldea, Alonso Quijano, ha inaugurado para nosotros la historia del arte de la novela mediante tres preguntas sobre la existencia: ¿Qué es la identidad de un individuo? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es el amor? Milan Kundera (“El Telón)
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Anterior a tu cuerpo es esta historia Tercas simulaciones desocupan En vano recorremos |
José Manuel Caballero Bonald
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| Francis Picabia |
Penetro en
otras vidas.
Llevo días leyendo, pero ahora
alzo los ojos porque me doy cuenta
de que apenas sé nada de quien escribió el libro.
Me avergüenza no conocer
más que su lucidez. Toda supervivencia
es esta especie de conversación
silenciosa y sin tiempo. Es algo aterrador
y ocurre en el abismo de la mente,
un frío cielo azul en el que el amor es
la única forma de posteridad.
(De No estaba lejos, no era difícil, 2010)
Joan Margarit
RIVERA " Desnudo con alcatraces"
«… Amo la
estancia que será ceniza…»
«Volverá
el polvo al polvo…»
Volverá el
polvo al polvo,
caerán desmenuzados los cabellos
como último baluarte de mi cuerpo.
Te esperaré a la orilla,
en los maderos rotos de mi cuerpo.
Al tomarte la mano, pobre muerte,
tan antigua, tan niña,
palpitará en tu sangre
la madura inquietud de cada día.
Romperás secos lazos
recostada en la hierba de tu sueño,
te embriagarás en angustioso canto
de la noche primera.
Te llegará en latidos de mis ansias,
la frescura del agua tan lejana
la voz, y el sonido
de la vida que evita tu llamada.
Y morirás de amor,
del mismo amor que apagará la hierba.
Y morirás de viento y de tristeza,
cuando fría mi sangre
no transmita a tu cuerpo,
el calor que robamos a la fragua.
Y cuando de nosotros
no quede ya en la tierra
más huella que la ardiente de tu estancia,
volveremos al polvo
que al cubrir este canto
lo perderá en la noche de su huella.
Dolores Castro Varela
Dolores
Castro Varela, nació en la Ciudad de Aguascalientes, México el 12 de abril de
1923. Murio el 30 de Marzo de 2022
Poeta, narradora, ensayista y crítica literaria,
Los cinco
golpes y el corazón
"Nadie puede seguir a nadie al laberinto de los espejos
rotos, donde no se busca consuelo porque no se lo encuentra ni se busca arreglo
porque no lo hay"
Buenos Aires
Pasó hace poco. Era de noche. Yo estaba sentada en el piso de
la cocina, él en una silla, cerca de la ventana. Escuchábamos música pero yo
estaba ausente, pesarosa. Me preguntó “¿Qué pasa?”. Días atrás yo había mirado
fotos de nuestros viajes. Las playas, los volcanes, los autos medio rotos que
alquilábamos en el Asia. Recordé la vez en que la camioneta en la que íbamos y
que él, con ese rostro de belleza revolucionaria, conducía como un gladiador
por el límite entre Tailandia y Myanmar, se deslizó colina abajo por un camino
de barro bajo una lluvia torrencial, se tornó inmanejable y estuvimos a punto
de caer por un precipicio. Recordé el modo sereno y marcial con que me ordenó
“Saltá” y la manera cobarde en que le dije “No”, porque no quería una vida sin
él. Cuando nos conocimos éramos dos tifones. Nadie daba nada por nosotros. Dos
semanas, decían. Como mucho tres. Pasaron décadas. En la escena final de Kill
Bill, la película de Quentin Tarantino, Uma Thurman le aplica a David Carradine
el golpe de cinco puntos y palma que revientan el corazón. Una vez golpeada, la
víctima no tiene escapatoria: apenas dé un paso caerá muerta. Yo llevo desde
siempre ese golpe en mí. Me lo dio un fantasma antes de nacer y cada tanto me
fulmina. Él, que es el fondo de mi pozo sin fondo, nunca se asustó por eso.
Siempre se mantuvo paciente esperando mi resurrección. No tiene idea de quién
soy pero me conoce absolutamente. Esa noche, sentada en el piso, no le dije
nada. Sólo sonreí. ¿Qué hubiera podido decirle, excepto “Estoy en la oscuridad
bailando con extraños, profundamente amenazada”? Nadie puede seguir a nadie al
laberinto de los espejos rotos, donde no se busca consuelo porque no se lo
encuentra ni se busca arreglo porque no lo hay. Entonces él se levantó, tomó
una copa, sirvió vino, me la acercó y dijo “Te voy a emborrachar”. Le dije
“Bueno. Si venís conmigo”. Y eso hizo. Así fue como entramos juntos en la noche
sin alma pero repleta de nosotros dos. Sin quejas, sin reclamos, sin pedir
explicaciones, hizo lo que hacen los que aman: me dejó caer completamente sola.
Después, como siempre, me miró triunfar.
«¡Ay
triste España de Caín!»
Un trozo
de planeta por el que cruza
errante la sombra de Caín.
(Antonio Machado)
¡Ay, triste
España de Caín, la roja
de sangre hermana y por la bilis gualda,
muerdes porque no comes, y en la espalda
llevas carga de siglos de congoja!
Medra machorra envidia en mente floja
—te enseñó a no pensar Padre Ripalda—
rezagada y vacía está tu falda
e insulto el bien ajeno se te antoja
Democracia frailuna con regüeldo
de refectorio y ojo al chafarote,
¡viva la Virgen!, no hace falta bieldo.
Gobierno de alpargata y de capote,
timba, charada, a fin de mes el sueldo,
y apedrear al loco Don Quijote.
Miguel de
Unamuno
Nota: Unamuno recibe la noticia el 20 de febrero de 1924. La Real Orden reza lo siguiente: «Ilustrísimo señor: Acordado por el Directorio Militar el destierro a Fuerteventura (Canarias) de don Miguel de Unamuno y Jugo, Su Majestad el Rey (q. D. g.) se ha servido disponer: Primero: Que el referido señor cese en los cargos de vicerrector de la Universidad de Salamanca y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma; y Segundo: Que queda suspenso de empleo y sueldo en el de catedrático de dicha universidad». En su casa de la calle Bordadores, su mujer, Concha, apenas puede contener las lágrimas. Un día después, antes de tomar el tren de Madrid, primera etapa de su obligado viaje a Canarias, Unamuno acude a la Universidad para dar su clase habitual, que termina con la consigna: «Para el día próximo, la lección siguiente».
Cualquier cosa es más segura que el
amor:
Una hoja que el otoño enrojece y
arranca,
Una nube ligera y solitaria,
Una pobre sonrisa que a nadie se
dirige,
La caricia que teme entregarse del
todo,
El fulgor que naufraga cada día.
Cualquier cosa es más firme y
duradera:
El temblor de una rama, el copo de
una ola,
La brisa que levanta una brizna de
olor,
El perfume a jazmín que apenas se
percibe,
El estremecimiento con que llega la
noche.
Todo es más resistente y estable
que el amor.
Antonio Gala
Medusa de Bernini
No moriré en
tus ojos
que tantos ojos tiene mi canción
como cuentas el collar de los trigos.
Es otra muerte nueva la que ahora me cita:
la de los brazos amplios
y el corazón sencillo y claro,
la de la frente en pleno campo de batalla
en pleno campo de batalla
sin más arnés
que un manojo de versos
libres para la vida y el amor.
Por eso no moriré en tus ojos.
Es otra muerte nueva
la que ahora me cita cada día.
Javier
Egea