Un pobre hidalgo de aldea, Alonso Quijano, ha inaugurado para nosotros la historia del arte de la novela mediante tres preguntas sobre la existencia: ¿Qué es la identidad de un individuo? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es el amor?
Milan Kundera (“El Telón)
Mito griego de la ninfa Leda seducida por un cisne
Cuando sea
muy vieja y tú te hayas muerto,
descubriré una tarde las horas especiales,
el olor de poniente, las calles sin retorno,
cuando sea muy vieja y tú te hayas muerto.
Buscaré aquel espejo que devuelve recuerdos,
el mar azul, veranos, la carne y los deseos,
los ruidos cotidianos, tú y yo en el cristal,
cuando sea muy vieja y tú te hayas muerto.
Te evocaré tan joven como un hijo lejano,
que nunca vivió inviernos, que siempre tuvo alegre
el adiós y el reencuentro prendido de mis labios,
cuando sea muy vieja y tú te hayas muerto.
Le pediré al espejo que nunca se apague,
que no duerma mis ojos en la angustia del tiempo,
que se lleva las hojas de este otoño horroroso,
cuando sea muy vieja y tú te hayas muerto.
Romperé los retratos, romperé los recuerdos,
saldré al balcón vestida de muñeca de trapo,
pintada de fulana, pidiendo amor y guerra,
cuando sea muy vieja y tú te hayas muerto.
Yo sé que entenderías mi locura y mi pena,
yo sé que sonreirías con tu boca más fresca
ante el terror pintado en el hombre que pasa
cuando sea muy vieja y tú te hayas muerto.
Y aunque enamore a viejos ateridos y verdes,
te seguiré queriendo, jamás diré tu nombre,
jamás diré que tuve amores tan eternos,
cuando sea muy vieja y tú te hayas muerto.
Todo será tan rápido:
primero pensaré que la vida se acaba,
que nunca fuí más lejos que al dejarte marchar;
después, vendrá el olvido.
Estos poemas
hablarán todavía de nosotros
pero de tí y de mí, ya no, ya nunca más.
Cuando África amanezca cubierta por la nieve
y en los cuadros de Goya luzca el sol.
El día en que las águilas se vuelen de los dólares,
y Pompeya despierte
de su sueño a la sombra del volcán,
entonces,
sólo entonces dejaré de quererte.
El día que no acabe a las doce de la noche.
El día que el ejército de Marte cubra el cielo
o Raskolnikov salga de Crimen y castigo
a poner unas rosas en la tumba de Dostoievsky,
entonces,
todo habrá terminado,
no te voy a querer.
Pero hasta que eso ocurra,
sólo tu y yo
podríamos
separarme
de tí.