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domingo, 30 de septiembre de 2012

Leon Felipe "Me voy porque la tierra y el pan y la luz ya no son míos"




Volveré mañana en el corcel del Viento.
Volveré. Y cuando vuelva, vosotros os estaréis yendo:
Vosotros los alcabaleros de la muerte, los centuriones
en acecho
bajo la gran ojiva de la puerta, los constructores de
ataúdes que al medir el cuerpo
amarillo de los que se van, con la cinta de metro y
medio
de los alfayates, decís siempre: ¡Cómo crecen los muertos!
¡Oh, sí! Los muertos crecen. El último traje que se
hicieron,
al amortajarlos ya les viene pequeño.
Crecen. Y apenas los entierran, rompen los tablones de
pino y los catafalcos de acero;
crecen después en la tumba, fuera de la caja, abren la
tierra como las semillas del centeno
y ya, bajo el sol y la lluvia, en el aire, sueltos,
y sin raíces, siguen y siguen creciendo.
Yo me voy a crecer con los muertos.
Volveré mañana en el corcel del Viento.
Volveré, ¡Y volveré crecido! Entonces vosotros que os
estaréis yendo
no me conoceréis. Mas cuando nos crucemos
en el puente, yo os diré con la mano:
¡Adiós, alcabaleros,
centuriones,
sepultureros!...
A crecer, a crecer,
a la tierra otra vez...
al agua,
al sol,
al Viento... al Viento...
¡Otra vez al Viento!

sábado, 29 de septiembre de 2012

Cervantes y las mujeres



Texto de : Jaime Gonzalez (bloc)
La novela pastoril de Grisóstomo y Marcela se desarrolla entre los capítulos XI a XIV de la primera parte. Marcela es tan bella y atractiva que todos los pastores de la comarca andan enamorados de ella, quien, no obstante, reparte equitativamente calabazas a todos sus admiradores. Grisóstomo ha sido rechazado como todos los demás, y, al no poder superar la negativa, ha optado por suicidarse.

Cuando vuelven del entierro, los compañeros de Grisóstomo se encuentran con Marcela y se enojan con ella, culpándola del suicidio de aquel que tanto sufrió por "celos, sospechas y ausencia".

La ideología dominante en el siglo XVII era el machismo: Las mujeres debían someterse a las elecciones de los hombres, tanto en lo económico como en lo emocional, y así era lo habitual en toda la literatura amorosa que desde los tiempos del “amor cortés” hasta las novelas pastoriles se había publicado.

Pero Marcela se rebela y - desde la pluma de Cervantes - pide la libertad de elección para la mujer. Este es su encendido discurso, aplaudido al final por el caballero don Quijote.

……………………………………………………………….
[Dice Marcela:] — Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura , y por el amor que me mostráis decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama.

(…) Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso . Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amaséis? Cuanto más, que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo, que tal cual es el cielo me la dio de gracia, sin yo pedirla ni escogerla. (…)

Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que, por solo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos : los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. (…).

El cielo aún hasta ahora no ha querido que yo ame por destino, y el pensar que tengo de amar por elección es excusado . Este general desengaño sirva a cada uno de los que me solicitan de su particular provecho; y entiéndase de aquí adelante que si alguno por mí muriere, no muere de celoso ni desdichado, porque quien a nadie quiere a ninguno debe dar celos, que los desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. (…)

Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda el que quiere que la tenga con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas propias, y no codicio las ajenas; tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a este ni solicito a aquel ; ni burlo con uno ni me entretengo con el otro. (...)

Don Quijote y la libertad



Comenzaremos por el elogio de la libertad que pronuncia don Quijote al salir del castillo de los Duques :

-- La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo !

(Capítulo 58, II parte)

jueves, 27 de septiembre de 2012

Mario Benedetti "En paz"


             "EN PAZ”

Me gustaría instalarme en una silla
junto a una noble mesa hecha de roble
para escribir con arrepentimiento
De aquellos sueños
que valen la pena
frente a una ventana toda cielo
o con la luna última del año

no pensar en aduanas ni fronteras
ni en pasaportes sepias ya vencidos
ni en horas de llegada o de salida
ni en montañas de nieve inalcanzable
ni en puentes sobre ríos de agua verde

revisar el pasado por si acaso
se nos quedó un recuerdo descolgado
y no afligirse por estupideces
que ya no sirven ni para negarlas

acomodarme en una buena silla
en plena soledad/ pero de paso
evocar el país de la caricia
donde aprendimos a vivir sin lágrimas"
             
                            Mario Benedetti

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Blanca Andreu "Lo que tuve y lo que no tuve..."


Lo que tuve y lo que no tuve y acaso aquello que mi mano solitariamente asilaba...



Lo que tuve y lo que no tuve y acaso aquello que mi mano
                                                                     solitariamente asilaba,
todo lo que ahora escucho maldecir y llamear.
Del mismo modo que escucho tu nombre golpeando fragua
                                                                                                   mítica,
sonando en metal de saga,
en herrería blanca que aún me quema.


("Báculo de Babel" 1982  )                   BLANCA ANDREU

Mario Benedetti "No se quien es"


             “NO SE QUIEN ES”


Es probable que venga de muy lejos
no sé quién es ni a dónde se dirige
es sólo una mujer que se muere de amor
se le nota en sus pétalos de luna
en su paciencia de algodón / en sus
labios sin besos u otras cicatrices /
en los ojos de oliva y penitencia

esta mujer que se muere de amor
y llora protegida por la lluvia
sabe que no es amada ni en los sueños /
lleva en las manos sus caricias vírgenes
que no encontraron piel donde posarse /
y / como huye del tiempo / su lujuria
se derrama en un cuenco de cenizas.

                                Mario  Benedetti

Pedro Salinas "No tengo que vivirlo dentro"


No.
Tengo que vivirlo dentro,
me lo tengo que soñar.
Quitar el color, el número,
el aliento todo fuego,
con que me quemó al decírmelo.
Convertir todo en acaso,
en azar puro, soñándolo.
Y así, cuando se desdiga
de lo que entonces me dijo,
no me morderá el dolor
de haber perdido una dicha
que yo tuve entre mis brazos,
igual que se tiene un cuerpo.
Creeré que fue soñado.
Que aquello tan de verdad,
no tuvo cuerpo, ni nombre.
Que pierdo
una sombra, un sueño más.
                             
   Pedro Salinas, en La voz a ti debida