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lunes, 21 de septiembre de 2015

Juan Luis Panero "Y de pronto anochece"



                                                                               Ed é subito sera
                                                                   Salvatore Quasimodo




Vivir es ver morir, envejecer es eso,
empalagoso, terco olor de muerte,
mientras repites, inútilmente, unas palabras,
cáscaras secas, cristal quebrado.
Ver morir a los otros, a aquellos,
pocos  que de verdad quisiste,
derrumbados, deshechos, como el final de este cigarrillo,
rostros y gestos, imágenes quemadas, arrugado papel.


Y verte morir a ti también,
removiendo frías cenizas, borrados perfiles,
disformes sueños, turbia memoria.
Vivir es ver morir y es frágil la materia
y todo se sabía y no había engaño,
pero carne y sangre, misterioso fluir,
quieren perseverar, afirmar lo imposible.
Copa vacía, tembloroso pulso, cenicero sucio,
en la luz nublada del atardecer.


Vivir es ver morir, nada se aprende,
todo es un despiadado sentimiento,
años, palabras, pieles, desgarrada ternura,
calor helado de la muerte.
Vivir es ver morir, nada nos protege,
nada tuvo su ayer, nada su mañana,
y de pronto anochece
.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Jose Ángel Valente "Tiempo de Guerra"


Estábamos, señores, en provincias
o en la periferia, como dicen,
incomprensibles desnacidos.

Señores escleróticos,
ancianas tías lúgubres,
guardias municipales y banderas.
Los niños con globitos colorados,
pantalones azules
y viernes sacrosantos
De piadoso susurro.

Andábamos con nuestros
papás.
Pasaban trenes
cargados de soldados a la guerra.
Gritos de excomunión.
Escapularios.
Enormes moros, asombrosos moros
llenos de pantalones y de dientes.
Y aquel vertiginoso
color del tíovivo y de los víctores.

Estábamos remotos
chupando caramelos,
con tantas estampitas y retratos
y tanto ir y venir y tan cólera,
tanta predicación y tantos muertos
y tanta sorda infancia irremediable.


(“La memoria y los signos”, 1960-1965). Jose A. Valente

                                                                      Picasso

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Luis Cernuda "Soliloquio del farero"



                                                  Edward Munch "El baile" (1885)


Cómo llamarte, soledad,
sino contigo misma.

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
como las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos,
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todos ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tu me das fuerza y debilidad
como al ave cansada los brazos de la piedra.
Acodado al balcón miro insaciable el oleaje.
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los
hombres.
Por quienes vivo, aun cuando no los vea;
y así, lejos de ellos.
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
pura ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿Qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.

Luis Cernuda.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Juan Ramon Jimenez "La muerte bella"


¿Que me vas a doler, muerte?
¿Es que no duele la vida?
¿Porqué he de ser más osado
para el vivir esterior
que para el hondo morir?

La tierra ¿qué es que no el aire?
¿Porqué nos ha de asfixiar,
porqué nos ha de cegar,
porqué nos ha de aplastar,
porqué nos ha de callar?

¿Porqué morir ha de ser
lo que decimos morir,
y vivir sólo vivir,
lo que callamos vivir?
¿Porqué el morir verdadero
(lo que callamos morir)
no ha de ser dulce y suave
como el vivir verdadero
(lo que decimos vivir?)                                        
Pierre  Bonnard

sábado, 15 de agosto de 2015

Juan Luis Panero "Con aroma de sal"




Con aroma de sal y húmeda madera golpeada,
Con el interminable quebrantar de las olas
y las luces que oscilan lejanas y amarillas
tu cuerpo llega desnudo a mi memoria.
Y puedo repetir, rozar tal vez, la levantada blancura de tu pecho,
tus lentos muslos sobre la arena calida
la rendida posesión de tu cansancio,
ocultos en la oscuridad, en ella unidos.

Una noche de agosto, frente al mar del verano,
frente a la espuma dorada por la luna,
dos cuerpos, dos garras de ansiedad se abrazaron
y en su unión, también la oscuridad fue estremecida.

Desandada ternura que ahora toco y se escapa
mientras sueño y aun veo el color de tu piel,
la fugaz certidumbre de tu sexo
y como una herida me estremece tu lengua.
Fantasma adolescente que inútil me señalas,
¿Qué haces bajo esta lluvia lejana de febrero?
mientras todas las estrellas de la noche temblando
ven tu cuerpo desnudo penetrar en la sombra.

        Juan Luis Panero



Poeta español nacido en Madrid en 1942.
Creció en el seno de una familia con grandes recursos económicos recibiendo una esmerada educación inicial en El Escorial y luego en Londres. Su espíritu rebelde y viajero lo llevó a deambular por diferentes países de América, dándole la oportunidad de conocer a grandes escritores como Octavio Paz, Jorge Luis Borges y Juan Rulfo, entre otros. 
Su carrera poética se inició en 1968 con la publicación del libro «A través del tiempo», al que siguieron luego, «Los trucos de la muerte» en 1975, «Desapariciones y fracasos» en 1978, «Juegos para aplazar la muerte» en 1984.
«Antes que llegue la noche» en 1985, le permitió obtener el Premio Ciudad de Barcelona. En 1988 con «Galerías y fantasmas», obtuvo el Premio Internacional de Poesía de la fundación Loewe.
«Sin rumbo cierto», XII Premio Comillas de Biografía, Autobiografía y Memorias y «Enigmas y despedidas» publicado en 1999, son sus últimas producciones.
Vive en Girona desde 1985 y fallece en 2013.

miércoles, 29 de julio de 2015

Antonio Colinas "Memorial amargo"



MEMORIAL  AMARGO

(Antonio  Machado)


Brotar, cual manantial de luz, del sur.
Una infancia con sueños de otro mundo:
luna madura aromando ocasos,
hogueras violentas del azahar
que no queman, más sajan la memoria.

Clamores de las claras alamedas.
Cicatrices violáceas de Castilla.
Albas frías en cuartos heladores,
pinares, la sangría del amor.
La juventud del agua horadando
la roca de la edad que no perdona.
La noche oscura de los solitarios.

Probar duro en la espalda ese madero
de la cruz del sentir y razonar,
a la vez, para mucho y para nada.                                                                                                                    Por fin, seguir con fardo de dolor
lento camino-osario, cenizal.

Antonio Colinas.


viernes, 10 de julio de 2015

Pablo Neruda "Soneto XL"




Era verde el silencio, mojada era la luz,
temblaba el mes de Junio como una mariposa
y en el austral dominio, desde el mar y las piedras,
Matilde, atravesaste el mediodía.

Ibas cargada de flores ferruginosas,
algas que el viento sur atormenta y olvida,
aún blancas, agrietadas por la sal devorante,
tus manos levantaban las espigas de arena.

Amo tus dones puros, tu piel de piedra intacta,
tus uñas ofrecidas en el sol de tus dedos,
tu boca derramada por toda la alegría,

pero, para mi casa vecina del abismo,
dame el atormentado sistema del silencio,
el pabellón del mar olvidado en la arena