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domingo, 23 de abril de 2017

Ángel Gonzalez "Ciudad Cero"

Detalle del "Guernika"

Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años —que eran
la quinta parte de toda mi vida—,
yo había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
-papeles y retratos
en medio de la calle…
Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.

Ángel González (Tratado de Urbanismo")


domingo, 16 de abril de 2017

Eugenio Molina "No, Robinson"

Turner




En tu isla Robinson verde recamado con la pelambre del desvarío
Los helechos descomunales
Las estrellas con el loro virgen y la cabra atravesada por el rayo
¡aquellas fiebres!
La cueva con la barrica tiránica bajo la lluvia en las sentinas inmensas
Contra la empalizada de la noche
El océano hasta la cintura
Y la sombra de tu mano sobre tu mirada desgarradora
Posada en la alcoba escarlata de tu infancia
Con los pilones hundidos del otro lado de la tierra

No cedas ahora viejo perro
No regreses con tu manzana hirviente arrastrando
Tus plumas de oscuro pájaro evadido
Y ese olor a raíces y setas en la luz del cuchillo
Confabulado con los secretos de la luna
tu calabaza de anfitrión abandonada a la saliva marina
tus visiones
tu hosco esplendor entre las valvas ciclánicas
las matemáticas del horizonte hasta el infinito
sin más guitarra que la fogata del naufragio encendida no importa dónde
entre los arrecifes y las lentas piedras del crepúsculo
que crujen de modo tan triste
bajo tantas aguas

Más abandonado que un dios
Más salvaje que un niño
Más resistente que las montañas contra ese cielo que disputa
Tus alimentos legendarios
¡ah Robinson sin auxilio ni terror ni remordimiento!
La huella de tu alma en la soledad hasta el portal de tu casa
En York mientras tu pisada de yodo ignora todas las reliquias
A la medianoche convertido en pesadilla
Tocado hasta la médula por la gracia del abismo
Vociferando contra tu padre inexistente entre los mástiles 
arrastrados por la resaca!

La ciudad fangosa bebe en el alba la leche muerta
De los corazones allá lejos bajo el oro de sus ropas
Pero no vuelvas la cabeza
Ahora que el carruaje de los esporos y los saurios pasa con tanta tibieza
Como una caricia
Sobre tu isla rechinante
En la pureza de tu exilio
¿y a qué tu grito
tu mano abierta en la que cae la lluvia?
¿a qué tu negra Biblia contra la Biblia de vello de tu pecho,
esa plegaria a nada
a todo,
¡Robinson sin propiedad y sin altar dueño del mundo! 



Eugenio Molina poeta argentino

sábado, 8 de abril de 2017

Luis Garcia Montero "Esa luna color de viejo saxofón"

Ramón Casas "Mujer descansando"




Esa luna color de viejo saxofón
me retendrá en París.
Esa luna color de vieja mariposa,
de alma vieja buscando sobre el viento
ojos para mirar el fin de siglo,
gatos que son las dudas de la noche.

Tiéndete junto a mí. Despierta en la memoria
esa inquietud que guardan los que acaban de amarse,
la imperceptible prisa de los labios
que buscaron un cuello donde apoyar su aliento.
Y déjame mirarte, frente a frente,
con estos mismos ojos orientales
que utiliza el amor para observamos.


Luis García Montero

viernes, 31 de marzo de 2017

Jose Hierro "En son de despedida"

Ramon Casas



No vine sólo por decirte 
(aunque también) que no volveré nunca, 
y que nunca podré olvidarte.
Emprendo la tarea
(imposible, si es que algo hay imposible)
de racionalizar, interpretar, reconstruir y desandar
aquellas fábulas y hechizos
que gracias a ti fueron realidad.
Recupero los pasos iniciados a la orilla del río
y que desembocaban en “Kiss Bar” (aunque no estoy
seguro
dónde estaba el principio y dónde el fin).
Estoy cansado, muy cansado. 
Don Antonio Machado dijo hace más de sesenta años
“Soy viejo porque tengo más de setenta años,
que es mucha edad para un español”. 
(Sin comentarios).
         He vivido días radiantes
gracias a ti. Entre mis dedos se escurrían 
cristalinas las horas, agua pura. Benditas sean.
Fue un tercer grado carcelario: 
regresas a la cárcel por la noche, 
por el día ―espejismo― te sientes libre, libre, libre. 
Nadie pudo, ni puede, ni podrá por los siglos de los siglos
arrebatarme tanta felicidad.
Yo no he venido ―te lo dije― 
para decirte adiós. Sé que no me echarás de menos, 
y eso que yo soñaba ser todo para ti 
como tú lo eres todo para mí.
¡Ay vanidad de vanidades y todo vanidad!
No te importuno más (ni siquiera sé si me escuchas). 
Bebo el último whisky en el “Kiss Bar”,
la última margarita en “Santa Fe”,
rodeo luego la ciudad y su muralla de agua
en la que ya no queda nada que fue mío.
Desisto de adentrarme en su recinto,
no tengo fuerzas para celebrar
la melancólica liturgia de la separación 
Sólo deseo ya dormir, dormir,
tal vez soñar...


(De Cuaderno de Nueva York, 1998)

José Hierro

jueves, 30 de marzo de 2017

Elegia a Ramón Sijé - Joan Manuel Serrat

martes, 3 de mayo de 2011

Miguel Hernandez "Elegia"

ELEGIA A RAMÓN SIJÉ .


(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
.
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
.
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
.
(1 0 de enero de 1936)

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sábado, 25 de marzo de 2017

Julio Cortazar "El Breve amor"

Julio Cortazar

                                             




Con qué tersa dulzura
me levanta del lecho en que soñaba
profundas plantaciones perfumadas,
me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en el espacio, en vilo, hasta que el beso
se posa curvo y recurrente,
para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera
tejiéndose en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo…
¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre las cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las manos?


Julio Cortazar

sábado, 18 de marzo de 2017

Caballero Bonald "Desencuentro"

R. Magritte "La corde sensible"


Esquiva como la noche,
como la mano que te entorpecía,
como la trémula succión
insuficiente de la carne;
esquiva y veloz como la hoja
ensangrentada de un cuchillo,
como los filos de la nieve, como el esperma
que decora el embozo de las sábanas,
como la congoja de un niño
que se esconde para llorar.
Tratas de no saber y sabes
que ya está todo maniatado,
allí
donde pernocta el irascible
lastre del desamor, sombra
partida por olvidos, desdenes,
llave que ya no abre ningún sueño:
La ausencia se aproxima
en sentido contrario al de la espera.


Caballero Bonald