Seguidores

miércoles, 28 de junio de 2017

Luis Cernuda "Elegia Española" (II)





A Vicente Aleixandre


Ya la distancia entre los dos abierta
Se lleva el sufrimiento, como nube
Rota en lluvia olvidada, y la alegría,
Hermosa claridad desvanecida;
Nada altera entre tú, mi tierra, y yo,
Pobre palabra tuya, el invisible
Fluir de los recuerdos, sustentando
Almas con la verdad de tu alma pura.
Sin luchar contra ti ya asisto inerte
A la discordia estéril que te cubre,
Al viento de locura que te arrastra.
Tan sólo Dios vela sobre nosotros,
Árbitro inmemorial del odio eterno.


Tus pueblos han ardido y tus campos
Infecundos dan cosecha de hambre;
Rasga tu aire el ala de la muerte;
Tronchados como flores caen tus hombres
Hechos para el amor y la tarea;
Y aquellos que en la sombra suscitaron
La guerra, resguardados en la sombra,
Disfrutan su victoria. Tú en silencio,
Tierra, pasión única mía, lloras
Tu soledad, tu pena y tu vergüenza.


Fiel aún, extasiado como el pájaro
Que en primavera hacia su nido antiguo
Llegaba a ti y en ti dejaba el vuelo,
Con la atracción remota de un encanto
Ineludible, rosa del destino,
Mi espíritu se aleja de estas nieblas,
Canta su queja por tu cielo vasto,
Mientras el cuerpo queda vacilante,
Perdido, lejos, entre sueño y vida,
y oye el susurro lento de las horas.
Si nunca más pudieran estos ojos
Enamorados reflejar tu imagen.
Si nunca más pudiera por tus bosques,
El alma en paz caída en tu regazo,
Soñar el mundo aquel que yo pensaba
Cuando la triste juventud lo quiso.
Tú nada más, fuerte torre en ruinas,
Puedes poblar mi soledad humana,
y esta ausencia de todo en ti se duerme.
Deja tu aire ir sobre mi frente,
Tu luz sobre mi pecho hasta la muerte,
Única gloria cierta que aún deseo.
Luis Cernuda




domingo, 18 de junio de 2017

Joan Margarit "Ella"

Vandogen (1906)
               



Llega el tiempo de no esperar a nadie.
Pasa el amor, fugaz y silencioso
como en la lejanía un tren nocturno.
No queda nadie. Es hora de volver
al desolado reino del absurdo,
a sentirse culpable, al vulgar miedo
de perder lo que estaba, ya, perdido.
Al inútil y sórdido tiempo moral.
Es hora ya de darse por vencido
en el trabajo a solas, otro invierno.
¿Cuántos quedan aún, y qué sentido
tiene esta vida donde te he buscado,
si ya llegó la hora tan temida
de comprobar que nunca has existido?


Joan Margarit

sábado, 10 de junio de 2017

Antonio Colinas "Homenaje a Tiziano"

Tiziano "Flora"




He visto arder tus oros en los otoños de Murano,
en la cera aromada de los cirios de invierno;
tu verde en madrugadas adriáticas
y en los ciruelos de los jardines de Navagero;
tu azul en ciertas túnicas y vidrios
y en los cielos enamorados
de nuestra adolescencia
que nunca más veremos;
los ocres en los muros cancerosos
mordidos por la sal, en las fachadas
de granjas y herrerías;
tu rojo en cada teja de Venecia, en los clavos
de las Crucifixiones
o en los labios con vino de los músicos;
un poco de violeta
en los ojos maduros de las jóvenes;
tus negros
en las enredaderas funestas
sobrecargadas de Muerte.


Antonio Colinas

sábado, 3 de junio de 2017

Luis de Congora "Mientras por competir con tu cabello..."

Frederick Carl Friese "El kimono rosa"




Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;

Mientras a cada labio, por cogello,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,

Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,

No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.


          Luis de Gongora (1561-1627)

martes, 23 de mayo de 2017

Angel Gonzalez "También un nombre puede modificar un cuerpo"

Federico Zandomeneghi


Si te llamaras Elvira, 
tu vientre sería aún más terso y con más nácar. 
Pero tan sólo el nombre de Mercedes 
depositado por mis labios en tu cintura 
condensaría la forma de esa espuma indecisa 
que recorre tu espalda cuando duermes de bruces. 
Respóndeme cuando te diga: Olga, 
y verás que en tus pechos un rubor palidece. 

El nombre de María te volvería traslúcida. 
Guarda silencio si te llamara por un nombre 
que no pronuncio nunca, 
porque si entonces respondieses 
tus ojos - y los míos - se anegarían en llanto. 
Una prueba final; 
cuando sonríes 
te pienso Irene, 
y la sonrisa tuya es más que tu sonrisa: 
amanece sin sombras la alegría del mundo. 
¿Y si te llamo como tú te llamas...? 


Entonces 
descubriría una verdad: 
en el principio no era el verbo. 
El nácar y la espuma, 
la palidez rosada, 
la transparencia, el llanto, la alegría: 
todo estaba ya en ti. 
Los nombres que te invento no te crean. 
Sólo - a veces 
son como luz los nombres... - 
te iluminan. 

Ángel González

lunes, 15 de mayo de 2017

Luis García Montero "Fin de Año"

Federico Zandomeneghi (1841-1917) "Mujer apoyada en una silla"

 


Porque sé que a este amor le pertenecen 
los días que me faltan por vivir, 
la realidad con su mirada inhóspita, 
el deseo que nace de los sueños. 

Porque lo sé, porque ya casi todo 
pertenece a este amor, 
como las realidades que viví, 
como los sueños que me quedan...


Luis García Montero

domingo, 7 de mayo de 2017

Pablo Neruda "Poema LXXXII"

Isaac Grunewald (1888-1946)

Amor mío, el invierno regresa a sus cuarteles, 
establece la tierra sus dones amarillos 
y pasamos la mano sobre un país remoto, 
sobre la cabellera de la geografía. 

Irnos! Hoy! Adelante, ruedas, naves, campanas, 
aviones acerados por el diurno infinito 
hacia el olor nupcial del archipiélago, 
por longitudinales harinas de usufructo! 

Vamos, levántate, y endiadémate y sube 
y baja y corre y trina con el aire y conmigo 
vámonos a los trenes de Arabia o Tocopilla, 

sin más que trasmigrar hacia el polen lejano, 
a pueblos lancinantes de harapos y gardenias 
gobernados por pobres monarcas sin zapatos.


Pablo Neruda