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viernes, 30 de septiembre de 2016

Felipe Benitez Reyes "Dos fragmentos"



Revello del Toro




                                    



                     


                      I

Parece que han caído
las olas, esta sola ciudad, en el silencio,
que el aire es una alcoba envejecida
y un cesto de humedad tu adolescencia.

                      II

¿Qué será de esta altura, de este mar funerario,
de las torres vacías, de sus cirios de sombra,
cuando llegue el invierno, las vasijas heladas
de la nieve, los pájaros de humo
y, sobre el humo, tu altiva desnudez?


           Felipe Benitez Reyes

jueves, 22 de septiembre de 2016

Caballero Bonald "Mantis"

Magritte "Enlace peligroso"



             Los espacios  contiguos ¿ cómo
        podré habitarlos
                               simultáneamente
        si entre sus piernas se estaciona
        un perentorio rastro
        de herencia devorante ?

        El recorrido de su boca acaba
        donde la amo y otras veces
        al borde del embozo
        que la aísla del rito sexual
        de la supervivencia.
                                    Así comparte
        un obcecado poderío
        con ella misma: se indemniza
        cada vez que ama
        de la extinción de todo cuanto amó "



                Jose Manuel Caballero Bonald

lunes, 12 de septiembre de 2016

Jaime Gil de Biedma "Volver"

Cuadro de Ramon Casas



Mi recuerdo eran imágenes,
en el instante, de ti:
esa expresión y un matiz
de los ojos, algo suave

en la inflexión de tu voz,
y tus bostezos furtivos
de lebrel que ha maldormido
la noche en mi habitación.

Volver, pasados los años,
hacia la felicidad
—para verse y recordar
que yo también he cambiado.


(Jaime Gil de Biedma,  de Las personas del verbo)

domingo, 4 de septiembre de 2016

Benjamin Prado "Una noche con Ángel Gonzalez"

Ángel Gonzalez (1925-2008)





Me enseñó que la suma de las huellas
no equivale a la nieve;
que en el ojo cerrado comienza lo invisible
como la sed se inicia en el vaso vacío.
Eso es lo que decía Ángel González:
busca la claridad
y comprende lo oscuro.

Me enseñó que un poema es un acuario
con peces de verdad y agua inventada;
que el hielo se deshace
lo mismo que se vuela una paloma;
que el muro en construcción ya contiene sus ruinas.

Eso es lo que me dijo:
todo acaba
y un hombre nunca sabe qué pasado le espera.

Yo cambié para oírle,
como cambian los ojos de quien mira las dunas.
Y a su lado,
cada uno
continuó viviendo con su corazón verde
o su corazón rojo,
igual que un árbol con una sola manzana.

Benjamin Prado


sábado, 27 de agosto de 2016

Felipe Benitez Reyes "Soledades"

Wislow Homer "Noche de verano" (1890)



Nos van dejando solos los mayores. Se irán
la fresca juventud y los amores cálidos.
Y partirán de pronto, sucederán qué cosas,
propiciarán qué cartas, y qué libros amargos.
              
Alzando va ya el tiempo la alta torre
de la soledad, que nubla el cielo.
Y nos llama la sombra con su mano enemiga.
Y se adentra en lo oscuro
nuestra herida memoria.
              
Ya nos lleva la vida por senda entenebrada,
solos ante la destrucción de cuanto amamos.
              
Y ese viento que ahuyenta las estrellas...




Felipe Benítez Reyes

lunes, 22 de agosto de 2016

Pablo Neruda "Oda a Federico G. Lorca"

G.Caillebotte(1848-1894) "Ropa blanca secándose"





Si pudiera llorar de miedo en una casa sola,
si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,
lo haría por tu voz de naranjo enlutado
y por tu poesía que sale dando gritos.
Porque por ti pintan de azul los hospitales
y crecen las escuelas y los barrios marítimos,
y se pueblan de plumas los ángeles heridos,
y se cubren de escamas los pescados nupciales,
y van volando al cielo los erizos:
por ti las sastrerías con sus negras membranas
se llenan de cucharas y de sangre
y tragan cintas rotas, y se matan a besos,
y se visten de blanco.
Cuando vuelas vestido de durazno,
cuando ríes con risa de arroz huracanado,
cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,
la garganta y los dedos,
me moriría por lo dulce que eres,
me moriría por los lagos rojos
en donde en medio del otoño vives
con un corcel caído y un dios ensangrentado,
me moriría por los cementerios
que como cenicientos ríos pasan
con agua y tumbas,
de noche, entre campanas ahogadas:
ríos espesos como dormitorios
de soldados enfermos, que de súbito crecen
hacia la muerte en ríos con números de mármol
y coronas podridas, y aceites funerales:
me moriría por verte de noche
mirar pasar las cruces anegadas,
de pie llorando,
porque ante el río de la muerte lloras
abandonadamente, heridamente,
lloras llorando, con los ojos llenos
de lágrimas, de lágrimas, de lágrimas.
Si pudiera de noche, perdidamente solo,
acumular olvido y sombra y humo
sobre ferrocarriles y vapores,
con un embudo negro,
mordiendo las cenizas,
lo haría por el árbol en que creces,
por los nidos de aguas doradas que reúnes,
y por la enredadera que te cubre los huesos
comunicándote el secreto de la noche.
Ciudades con olor a cebolla mojada
esperan que tú pases cantando roncamente,
y silenciosos barcos de esperma te persiguen,
y golondrinas verdes hacen nido en tu pelo,
y además caracoles y semanas,
mástiles enrollados y cerezas
definitivamente circulan cuando asoman
tu pálida cabeza de quince ojos
y tu boca de sangre sumergida.
Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
y, sollozando, derribar relojes,
sería para ver cuándo a tu casa
llega el verano con los labios rotos,
llegan muchas personas de traje agonizante,
llegan regiones de triste esplendor,
llegan arados muertos y amapolas,
llegan enterradores y jinetes,
llegan planetas y mapas con sangre,
llegan buzos cubiertos de ceniza,
llegan enmascarados arrastrando doncellas
atravesadas por grandes cuchillos,
llegan raíces, venas, hospitales,
manantiales, hormigas,
llega la noche con la cama en donde
muere entre las arañas un húsar solitario,
llega una rosa de odio y alfileres,
llega una embarcación amarillenta,
llega un día de viento con un niño,
llego yo con Oliverio, Norah
Vicente Aleixandre, Delia,
Maruca, Malva Marina, María Luisa y Larco,
la Rubia, Rafael Ugarte,
Cotapos, Rafael Alberti,
Carlos, Bebé, Manolo Altolaguirre,
Molinari,
Rosales, Concha Méndez,
y otros que se me olvidan.
Ven a que te corone, joven de la salud
y de la mariposa, joven puro
como un negro relámpago perpetuamente libre,
y conversando entre nosotros,
ahora, cuando no queda nadie entre las rocas,
hablemos sencillamente como eres tú y soy yo:
para qué sirven los versos si no es para el rocío?
Para qué sirven los versos si no es para esa noche
en que un puñal amargo nos averigua, para ese día,
para ese crepúsculo, para ese rincón roto
donde el golpeado corazón del hombre se dispone a morir?
Sobre todo de noche,
de noche hay muchas estrellas,
todas dentro de un río
como una cinta junto a las ventanas
de las casas llenas de pobres gentes.
Alguien se les ha muerto, tal vez
han perdido sus colocaciones en las oficinas,
en los hospitales, en los ascensores,
en las minas,
sufren los seres tercamente heridos
y hay propósito y llanto en todas partes:
mientras las estrellas corren dentro de un río interminable
hay mucho llanto en las ventanas,
los umbrales están gastados por el llanto,
las alcobas están mojadas por el llanto
que llega en forma de ola a morder las alfombras.
Federico,
tú ves el mundo, las calles,
el vinagre,
las despedidas en las estaciones
cuando el humo levanta sus ruedas decisivas
hacia donde no hay nada sino algunas
separaciones, piedras, vías férreas.
Hay tantas gentes haciendo preguntas
por todas partes.
Hay el ciego sangriento, y el iracundo, y el
desanimado,
y el miserable, el árbol de las uñas,
el bandolero con la envidia a cuestas.
Así es la vida, Federico, aquí tienes
las cosas que te puede ofrecer mi amistad
de melancólico varón varonil.
Ya sabes por ti mismo muchas cosas.
Y otras irás sabiendo lentamente.


Pablo Neruda

miércoles, 17 de agosto de 2016

Lope de Vega "Burlas de amor"


El Bosco

 





   Dulce, atrevido pensamiento loco,



¿adónde te levantas por mi daño?



Ligeras alas de un gustoso engaño,



¿adónde me lleváis? Tened un poco.




 Divinos ojos, vuestra luz invoco,



que me despeña un fácil desengaño,



y en el principio del camino extraño



la sombra de la muerte piso y toco.




 Camina, dulce fin de mis enojos,



a cuyas bellas manos e inclemencia



me trujo atado la enemiga suerte,




 vuelve a mi alma tus hermosos ojos,



y muérame yo allí si en tu presencia



tiene poder la rigurosa muerte.