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domingo, 16 de octubre de 2022

Luis García Montero "La muerte es un sueño"

                                                                   Rene Magritte


 La muerte es un sueño


Cuando se retiraban las bandejas y el avión era calma,
solías tú ponerme la cabeza en el hombro,
cerrábamos los párpados
y nos dejábamos llevar por un viaje de largo recorrido.
Así me gusta imaginar la muerte
ahora que estoy solo.
Es condición del ser humano
la despedida y el encuentro con lo desconocido.
Reconocer la casa que se deja,
la habitación que nos espera entre las fechas de los calendarios.
La conciencia del tiempo no responde al dolor animal
ni siquiera al esfuerzo de vivir,
sino al destino de saberse vivo.
Hablo de una experiencia de la muerte
de la que no querría despertarme.
Al final era esto,
después de tantas vueltas me dijiste
todo resulta simple.
Nunca tuvimos fe,
pero teníamos palabras para decir adiós,
para ponerle nombre al no saber,
para observar las alas en la caída de la noche,
para darnos las gracias,
para cerrar los ojos,
tu cabeza en mi hombro
en un viaje infinito en el que sigo todavía.

Luis Garcia Montero ( “Un año y tres meses”)

En este libro se reúnen los poemas escritos por L.Garcia Montero a raiz de la pérdida de su mujer, Almudena Grandes.

 

viernes, 16 de septiembre de 2022

Caballero Bonald "Summa Vitae"


 

 

 

 De todo lo que amé en días inconstantes

ya sólo van quedando

rastros,

              marañas,

                               conjeturas,

pistas dudosas, vagas informaciones:

por ejemplo, la lluvia en la lucerna

de un cuarto triste de París,

la sombra rosa de los flamboyanes

engalanando a franjas la casa familiar de Camagüey,

aquellos taciturnos rastros de Babilonia

junto a los barrizales suntuosos del  Éufrates,

un arcaico crepúsculo en las Islas Galápagos,

los prolijos fantasmas

de un memorable lupanar de Cádiz,

una mañana sin errores

ante la tumba de Ibn'Arabi en un suburbio de Damasco,

el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana,

aquel  café de Bogotá

donde iba a menudo con amigos que han muerto,

la gimiente tirantez del velamen

en la bordada previa a aquel naufragio.

 Cosas así de simples y soberbias.

Pero de todo eso

                               ¿qué me importa

evocar, preservar después de tan volubles

comparecencias del olvido?

Nada sino una sombra

cruzándose en la noche con mi sombra.

 

Caballero Bonald

 

José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la FronteraCádiz11 de noviembre de 1926-Madrid9 de mayo de 2021) fue un escritor español, conocido principalmente como poetaensayista y novelista. ​ La cuidadosa utilización del lenguaje y el barroquismo caracterizan su obra. El 29 de noviembre de 2012 fue galardonado con el Premio Cervantes


sábado, 3 de septiembre de 2022

Javier Egea "Carta"


                                                        Fernando Labrada  "Sonata 14"




Entonces era triste, muy triste estar sin ti.

Pero las cosas sucedieron como tú bien conoces:
que estaba el mar vacío, los teléfonos secos,
que nos fuimos muriendo sobre aquella distancia.

Después no quedó nada ni nadie y comprendimos:
se volvió el mundo raro como una piel vencida.

Tú no fuiste posible, ni siquiera existías.

Sin embargo esta noche qué triste en el insomnio,
qué amargo estar sin ti.


Javier Egea

 

Javier Egea (Granada, 29 de abril de 1952-ibíd., 29 de julio de 1999), considerado uno de los poetas españoles más importantes de los años ochenta, fue uno de los padres del movimiento poético La otra sentimentalidad junto con Luis García Montero y Álvaro Salvador. Consiguió, entre otros premios literarios, el Premio Antonio González de Lama de la Diputación de León por su libro Troppo Mare y el Premio Hispanoamericano de poesía Juan Ramón Jiménez por Paseo de los Tristes.

viernes, 19 de agosto de 2022

Federico Garcia Lorca "Gacela de la muerte oscura" (por Carlos cano)




 

(19 de agosto de 1936 fue asesinado en Viznar (Granada)

“Quiero dormir el sueño de las manzanas,
alejarme del tumulto de los cementerios.
Quiero dormir el sueño de aquel niño
que quería cortarse el corazón en alta mar.

No quiero que me repitan
que los muertos no pierden la sangre;
que la boca podrida sigue pidiendo agua.

No quiero enterarme
de los martirios que da la hierba,
ni de la luna con boca de serpiente
que trabaja antes del amanecer.

Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto;
que hay un establo de oro en mis labios;
que soy el pequeño amigo del viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.

Cúbreme por la aurora con un velo,
porque me arrojará puñados de hormigas,
y moja con agua dura mis zapatos
para que resbale la pinza de su alacrán.

Porque quiero dormir el sueño de las manzanas
para aprender un llanto que me limpie de tierra;
porque quiero vivir con aquel niño oscuro
que quería cortarse el corazón en alta mar.”

Federico García Lorca


viernes, 22 de julio de 2022

Luis Cernuda "El peregrino"


                                                     FRANTISEK DRTIKOL (1883-1961)




¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

LUIS CERNUDA


martes, 28 de junio de 2022

William Ospina "NIETZSCHE"


                                                          Lou Salome, Nietzche y Rilke



Está muriendo un Dios en el centro de un ópalo del color del
crepúsculo.
Está muriendo una hoja de hierba en el pecho de Cristo.
Está muriendo una rosa en el aire estancado de la catedral de
Maguncia,
traspasada en el aire por una quemante aguja del sol.

Está muriendo una llanura donde retozan embriagados leopardos.
Está muriendo un ángel sobre un glaciar blanquísimo.
Está muriendo un barco lleno de ancianos en una colina del
cielo, en un aire cargado de delfines livianos y azules.

Está muriendo una cúpula bajo el asedio de las mariposas.
Está muriendo un lupanar lujoso y sonoro de besos enfermos.
Está muriendo mi corazón bajo los crueles halcones del olvido
de Lou.
Me estoy borrando en sus pupilas bellas y esperanzadas
como lienzos.

Está muriendo un pájaro en un bosque de nubes.
Está muriendo una lucha glacial bajo mis sábanas de seda.
Algo muy bello está borrándose por las bahías de mi infancia.
Algo muy triste calla en sus violines.


William Ospina

 

Nació en HerveoTolima, el 2 de marzo de 1954 y pasó su infancia recorriendo el sur colombiano huyendo de la violencia. Su padre, Luis Ospina, enfermero de oficio y músico de vocación cultivó en su hijo una profunda relación con la cultura colombiana. Según Ospina, "en mi casa no había libros, pero en cambio tuvimos todas las canciones"

Pasó su adolescencia en Cali donde ingresó a la Universidad Santiago de Cali a estudiar derecho y ciencias políticas, pero abandonó la carrera para dedicarse a la literatura. Vivió en Europa de 1979 a 1981. Fue redactor de la edición dominical del diario La Prensa de Bogotá (1988 a 1989). Escribió varios ensayos sobre Lord ByronEdgar Allan PoeLeón TolstóiCharles DickensEmily DickinsonLas mil y una nochesAlfonso ReyesEstanislao Zuleta, literatura árabe y William Shakespeare.

En 1992 obtuvo el primer Premio Nacional de Poesía del Instituto Colombiano de Cultura. En 1999 recibió el Doctorado Honoris Causa en Humanidades de la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín.2​ En 2005 el Doctorado Honoris Causa en Humanidades de la Universidad del Tolima. En 2008 recibió Doctorado Honoris causa de la Universidad de Santiago de Cali. Fue galardonado con el Premio Rómulo Gallegos 2009 por "El país de la canela".

En numerosos ensayos y artículos, Ospina ha repasado y comentado la conquista de América y la ha reivindicado como un campo de estudio que tiene aún mucho que decirnos sobre la identidad latinoamericana y sus desafíos sociales, culturales y políticos.

sábado, 18 de junio de 2022

Luis García Montero - El insomnio de Jovellanos



Castillo de Bellver, 1 de abril de 1808.

Porque sé que los sueños se corrompen,
he dejado los sueños.
El mar sigue moviéndose en la orilla.

Pasan las estaciones como huellas sin rumbo,
la luz inútil del invierno,
los veranos inútiles.
Pasa también mi sombra, se sucede
por el castillo solitario,
como la huella negra que los años y el viento
han dejado en los muros.
Estaciones, recuerdos de mi vida,
viene el mar y nos borra.

El mar sigue moviéndose en la noche,
cuando es sólo murmullo repetido,
una intuición lejana que se encierra en los ojos
y esconde en el silencio de mi celda
todas las cosas juntas,
la cobardía, el sueño, la nostalgia,
lo que vuelve a la orilla después de los naufragios.

Al filo de la luz, cuando amanece,
busco en el mar
y el mar es una espada
y de mis ojos salen
los barcos que han nacido de mis noches.
Unos van hacia España,
reino de las hogueras y las supersticiones,
pasado sin futuro
que duele todavía en manos del presente.

El invierno es el tiempo de la meditación.

Otros barcos navegan a las costas de Francia,
allí donde los sueños se corrompen
como una flor pisada,
donde la libertad
fue la rosa de todos los patíbulos
y la fruta más bella se hizo amarga en la boca.

El verano es el tiempo de la meditación.

Y el mar sigue moviéndose. Yo busco
un tiempo mío entre dos olas,
ese mundo flexible de la orilla,
que retiene los pasos un momento,
nada más que un momento,
entre la realidad y sus fronteras.

Lo sé,
meditaciones tristes de cautivo…
no sabría negarlo.
Prisionero y enfermo, derrotado,
lloro la ausencia de mi patria,
de mis pocos amigos,
de todo lo que amaba el corazón.

En el mismo horizonte
del que surgen los días y la luz
que acaricia los pinos y calienta mi celda,
surgen también la noche y los naufragios.
Mis días y mis noches son el tiempo
de la meditación.

Porque sé que los sueños se corrompen
he dejado los sueños,
pero cierro los ojos y el mar sigue moviéndose
y con él mi deseo
y puedo imaginarme
mi libertad, las costas del Cantábrico,
los pasos que se alargan en la playa
o la conversación de dos amigos.

Allí,
rozadas por el agua,
escribiré mis huellas en la arena.
Van a durar muy poco, ya lo sé,
nada más que un momento.

El mar nos cubrirá,
pero han de ser las huellas de un hombre más feliz
en un país más libre.

Luis Garcia Montero