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martes, 23 de mayo de 2017

Angel Gonzalez "También un nombre puede modificar un cuerpo"

Federico Zandomeneghi


Si te llamaras Elvira, 
tu vientre sería aún más terso y con más nácar. 
Pero tan sólo el nombre de Mercedes 
depositado por mis labios en tu cintura 
condensaría la forma de esa espuma indecisa 
que recorre tu espalda cuando duermes de bruces. 
Respóndeme cuando te diga: Olga, 
y verás que en tus pechos un rubor palidece. 

El nombre de María te volvería traslúcida. 
Guarda silencio si te llamara por un nombre 
que no pronuncio nunca, 
porque si entonces respondieses 
tus ojos - y los míos - se anegarían en llanto. 
Una prueba final; 
cuando sonríes 
te pienso Irene, 
y la sonrisa tuya es más que tu sonrisa: 
amanece sin sombras la alegría del mundo. 
¿Y si te llamo como tú te llamas...? 


Entonces 
descubriría una verdad: 
en el principio no era el verbo. 
El nácar y la espuma, 
la palidez rosada, 
la transparencia, el llanto, la alegría: 
todo estaba ya en ti. 
Los nombres que te invento no te crean. 
Sólo - a veces 
son como luz los nombres... - 
te iluminan. 

Ángel González

lunes, 15 de mayo de 2017

Luis García Montero "Fin de Año"

Federico Zandomeneghi (1841-1917) "Mujer apoyada en una silla"

 


Porque sé que a este amor le pertenecen 
los días que me faltan por vivir, 
la realidad con su mirada inhóspita, 
el deseo que nace de los sueños. 

Porque lo sé, porque ya casi todo 
pertenece a este amor, 
como las realidades que viví, 
como los sueños que me quedan...


Luis García Montero

domingo, 7 de mayo de 2017

Pablo Neruda "Poema LXXXII"

Isaac Grunewald (1888-1946)

Amor mío, el invierno regresa a sus cuarteles, 
establece la tierra sus dones amarillos 
y pasamos la mano sobre un país remoto, 
sobre la cabellera de la geografía. 

Irnos! Hoy! Adelante, ruedas, naves, campanas, 
aviones acerados por el diurno infinito 
hacia el olor nupcial del archipiélago, 
por longitudinales harinas de usufructo! 

Vamos, levántate, y endiadémate y sube 
y baja y corre y trina con el aire y conmigo 
vámonos a los trenes de Arabia o Tocopilla, 

sin más que trasmigrar hacia el polen lejano, 
a pueblos lancinantes de harapos y gardenias 
gobernados por pobres monarcas sin zapatos.


Pablo Neruda

domingo, 30 de abril de 2017

F. Garcia Lorca Gacela III "Del amor desesperado"




La noche no quiere venir 
para que tú no vengas 
ni yo pueda ir. 

Pero yo iré 
aunque un sol de alacranes me coma la sien. 
Pero tú vendrás 
con la lengua quemada por la lluvia de sal. 

El día no quiere venir 
para que tú no vengas 
ni yo pueda ir. 


F. García Lorca

domingo, 23 de abril de 2017

Angel Gonzalez "Ciudad Cero"

Detalle del "Guernika"

Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años —que eran
la quinta parte de toda mi vida—,
yo había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
-papeles y retratos
en medio de la calle…
Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.

Ángel González (Tratado de Urbanismo")


domingo, 16 de abril de 2017

Eugenio Molina "No, Robinson"

Turner




En tu isla Robinson verde recamado con la pelambre del desvarío
Los helechos descomunales
Las estrellas con el loro virgen y la cabra atravesada por el rayo
¡aquellas fiebres!
La cueva con la barrica tiránica bajo la lluvia en las sentinas inmensas
Contra la empalizada de la noche
El océano hasta la cintura
Y la sombra de tu mano sobre tu mirada desgarradora
Posada en la alcoba escarlata de tu infancia
Con los pilones hundidos del otro lado de la tierra

No cedas ahora viejo perro
No regreses con tu manzana hirviente arrastrando
Tus plumas de oscuro pájaro evadido
Y ese olor a raíces y setas en la luz del cuchillo
Confabulado con los secretos de la luna
tu calabaza de anfitrión abandonada a la saliva marina
tus visiones
tu hosco esplendor entre las valvas ciclánicas
las matemáticas del horizonte hasta el infinito
sin más guitarra que la fogata del naufragio encendida no importa dónde
entre los arrecifes y las lentas piedras del crepúsculo
que crujen de modo tan triste
bajo tantas aguas

Más abandonado que un dios
Más salvaje que un niño
Más resistente que las montañas contra ese cielo que disputa
Tus alimentos legendarios
¡ah Robinson sin auxilio ni terror ni remordimiento!
La huella de tu alma en la soledad hasta el portal de tu casa
En York mientras tu pisada de yodo ignora todas las reliquias
A la medianoche convertido en pesadilla
Tocado hasta la médula por la gracia del abismo
Vociferando contra tu padre inexistente entre los mástiles 
arrastrados por la resaca!

La ciudad fangosa bebe en el alba la leche muerta
De los corazones allá lejos bajo el oro de sus ropas
Pero no vuelvas la cabeza
Ahora que el carruaje de los esporos y los saurios pasa con tanta tibieza
Como una caricia
Sobre tu isla rechinante
En la pureza de tu exilio
¿y a qué tu grito
tu mano abierta en la que cae la lluvia?
¿a qué tu negra Biblia contra la Biblia de vello de tu pecho,
esa plegaria a nada
a todo,
¡Robinson sin propiedad y sin altar dueño del mundo! 



Eugenio Molina poeta argentino

sábado, 8 de abril de 2017

Luis Garcia Montero "Esa luna color de viejo saxofón"

Ramón Casas "Mujer descansando"




Esa luna color de viejo saxofón
me retendrá en París.
Esa luna color de vieja mariposa,
de alma vieja buscando sobre el viento
ojos para mirar el fin de siglo,
gatos que son las dudas de la noche.

Tiéndete junto a mí. Despierta en la memoria
esa inquietud que guardan los que acaban de amarse,
la imperceptible prisa de los labios
que buscaron un cuello donde apoyar su aliento.
Y déjame mirarte, frente a frente,
con estos mismos ojos orientales
que utiliza el amor para observamos.


Luis García Montero