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martes, 23 de febrero de 2016

Caballero Bonald "Donde habite el olvido"

"Dos mujeres desnudas" Picasso 1946

Horas de desamor,
hojas caducas
aventándose al borde
del recuerdo, ¿qué has perdido además
de aquella decorosa condición
de disponible?
Tantas
frutas prohibidas ¿a qué dioses
remiten? ¿En qué desarbolada
tierra de nadie han ido propalándose
sus hechizos y tretas, sus letargos?
Frágil atril del tiempo, delincuencia presunta,
pretexto inconfesable de la edad.
Donde habite el olvido,
también se habrá zanjado
la pugna del ayer con el mañana.
Ya sólo duras por lo que recuerdas.


JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD 

viernes, 12 de febrero de 2016

Juan Gil-Albert "La huella del espíritu"


"Ejecucion con niño" Andrzej Wroblewski

Cuando acabado este horror nos vean cómo somos,

cómo vivimos, atrincheradas masas,
pálidos hacinamientos que se agitan,
ese aspecto que acaso nos descubran tan sórdido,
por lo que fuimos, perros del momento,
una carne aplastada por palabras hirientes
ese ladrar herido que sonará en el aire,
¿qué harán con vuestro resplandor feroz
cuando sepan mañana que quisimos hablarnos
y no dejasteis sobre las bocas
más que el impacto armado de vuestros pies?


Juan Gil-Albert. Candente horror (1936).


Juan Gil-Albert Simón (Alcoy, Alicante, 1 de abril de 1904 - Valencia, 4 de julio de 1994), nombre por el que quiso ser conocido Juan de Mata Gil Simón, fue un poeta y ensayista español.
Artífice de la revista republicana 'Hora de España', proyecto cultural para la supervivencia de las letras españolas en medio del horror de la Guerra, el poeta no obtendrá el reconocimiento literario hasta los años 70.


miércoles, 3 de febrero de 2016

Jose Angel Valente "Estabas desleída en la dulzura"

                                                                    Henri  Matisse


Estabas desleída en la dulzura
de los secretos jugos de tu cuerpo
y te llevaba el agua
como a una larga cabellera verde
engendrada en los limas
obstinados del fondo.

Era tu forma ese deshacimiento.
Brotar.
Fluir.
Abandonarse.
Bajaba el aire hasta los límites
perfectos de tu piel.
Blancura.
Y ya oblicuo, el poniente la encendía
para nacer de ti aquella tarde
de qué lugar, qué tiempo, qué memoria
.