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viernes, 31 de agosto de 2012

Carlos Barral."Le asocio a mis preocupaciones"



“Le asocio a mis preocupaciones. “
                        Y base de notar; que estas cosas son aora muy a la postre,
                       despues de todas las visiones, y revelaciones que escrivire,
                          y del tiempo que solía tener oración, a donde el Señor me
                                                                      dava muy grandes gustos y regalos.


Preferiría ahora imaginar
que te soñaba como un robot
metálico o como un antiguo caminante
hecho de humanidades o de audacia.
Pero a la primera juventud es propia
una ternura sin reservas,
y luego... la tradición más inmediata...

Te invocaba según un largo rito,
torturándome hacia los pormenores de tu imagen.
Tocaba los objetos, te buscaba
revolviendo memoria.
Después, con los brazos en cruz, sobre la cama,
pasaba tiempo y tiempo.
                                           Conocía
que estabas por un dulce cansancio
y entonces me tendía sin mirarte,
sabiéndote allí cerca,
y te contaba mis deseos:

-Haz que el año que viene... Que otro día...
Haz que la chica que encontré el domingo
(o si prefieres aunque sea otra)...
Haz que yo pueda ser... Y, sobre todo...

Tu presencia asentía a cada cosa,
tu blanco estar allí, tu inabordable
reino, transfigurando el sueño en lejanías:
el suave chasquido con que hiende
el tajamar las ondas
o unas ramas de abeto iluminadas,
flotando como un astro en el azul inmóvil.

Cada cita nocturna, cada encuentro
rescataba una parte del vivir diario:
los muros del colegio, los siniestros pasillos o las voces
de la mesa familiar cuando se hablaba de dinero
y además los pecados,
la vergonzosa marca del sexo
y el duermevela de las imaginaciones.

En las horas vacías, por el día,
a veces te ofrecías como un premio
fugaz, pasabas un instante
rozándome, en medio del silencio cargado del estudio,
como un soplo de aire que se dibuja sobre el agua
quieta,
o en las veladas tristes, en familia,
junto a la radio tonante,
o cuando la humillación me acaloraba.

Mas luego nuestro amor, según el tiempo
pasaba por la boca de los que te adulan,
se fue haciendo difícil, nuestras noches
de vez en vez más raras.
Comenzó a incomodarme
la sociedad de tus amigos, la dudosa
verdad de tus quehaceres...

Lo sé. No fue tan simple.
Sé que un día
mutilé la costumbre, sentí un poco
de rubor (la redujimos,
a lo más perentorio)...

¡Qué rápidas visitas en los últimos meses!
Y aprendía
a ver el mundo sin ti,
a llenar tu vacío con las cosas.

No recuerdo
exactamente cómo terminó.
Más tarde
me parecía un sueño nuestra historia.

                                     Carlos Barral

viernes, 24 de agosto de 2012

Enrique Molina "El erotismo y las gaviotas"


 

          EL EROTISMO Y LAS GAVIOTAS
Ahora pido evidencias, certidumbres.

En mi extraño escenario, pasiones y las aves remotas,
surgen paraderos, lugares troncos, idilios,
el sol está partido en dos por la avidez,
mutaciones y la pescadería donde la muerte brilla con escamas,
al borde de la ruta, después de las represas salineras.
La mujer del azar se contempla en su espejo,
con sensuales bucles, en el oscuro bosque de su amor,
flexible y voraz, su cuerpo regido por la luna
se alzó sobre el viento y el cielo,
lejano como estrellas, pero sólo después
vacilaciones, dudas y reproches
para una triste crónica donde ríe la mosca
en la edad triturada.
Reminiscentes caricias flotantes entre adioses
hacen temblar las cosas con un ardor irónico.
¿Pero entonces
tampoco existió el fuego,
el mundo relatado por una voz querida?
Parejos amantes, a ciegas en la ira y el esplendor del tiempo,
el mozo del hotel recogió las maletas,
de ciudad en ciudad, de idioma en idioma, en medio de rostros
movedizos.
Al despertar aparecía el fantasma;
sonriente,
con senos de una melosa consistencia, con dientes brillantes,
insistente y perfumado en la cálida atmósfera,
se tendía en la playa con languidez, hablaba de las pequeñas cosas
del día,
volando en torno a mi alma con la luz de los mares,
(con el sabor del whisky, hacia el cuerpo del hombre.
¿No hay un guijarro entonces,
una naranja, un puñado de arena
que reclame la herencia sin destino del sueño y el olvido?
Has oído el exaltante chasquido del agua
como una boca que rememora de muy lejos,
inmensidad y huesos lavados por el sol,
brillando y ondulando y salpicando las rocas,
un solo instante, un suspiro y las nubes vacías.
Y ahora, por Dios, nada de imprecisiones,
el viento,
sobre la mesa revientan espumas, los muros no existen,
el viento,
las gaviotas exhalan su graznido en el pálido extremo del día,
ella se esfuma en la terraza con su copa y un lento cigarrillo en los
labios,
el viento,
los rostros son ahora más tensos, desaparecen de golpe,
nadie responde, hay un orden extraño, fuera de lugar,
el viento,
la costa, la noche, zonas espléndidas y asesinas,
sólo el viento, el viento con sus garras equívocas.
                                              Enrique  Molina

martes, 21 de agosto de 2012

Carlos Barral "A veces"



 

A veces cuando era
temprano todavía para verte
o cuando la ventana
se abría a la distancia y al sonido
de tanto hierro puesto y tanta arena
que cruje a tierra extraña en los caminos
remoto a la esperanza
me volvía a aquel sitio en que dejamos
las soledades juntas y las voces.

Te hallaba limitada
de corazón disperso y de alegría
por todos los costados y flotando
en la noche segura y abundante
que nunca se consuma.

Sin embargo a lo lejos
tan pronto me acogías con los nombres
de las cosas comunes, en sigilo
sentía que tu isla no estaba ya a mi alcance.

Entonces por entero
reincorporado al límite del cuerpo
volvía a la certeza de la espera.

                      
 Carlos Barral

lunes, 20 de agosto de 2012

Pablo Neruda. "Cien Poemas de Amor"


Soneto XCIV
Si muero sobrevíveme con tanta fuerza pura
que despiertes la furia del pálido y del frío,
de sur a sur levanta tus ojos indelebles,
de sol a sol que suene tu boca de guitarra.
No quiero que vacilen tu risa ni tus pasos,
no quiero que se muera mi herencia de alegría,
no llames a mi pecho, estoy ausente.
Vive en mi ausencia como en una casa.
Es una casa tan grande la ausencia
que pasarás en ella a través de los muros
y colgarás los
cuadros en el aire.
Es una casa tan transparente la ausencia
que yo sin vida te veré vivir
y si sufres, mi amor, me moriré otra vez

sábado, 18 de agosto de 2012

Andres Neuman "Claudia en la biblioteca"


CLAUDIA EN LA BIBLIOTECA.. 

Rebuscas en los libros
con un extraño afán de jardinera.
Delicada y ansiosa, de perfil me pareces
distinta en ese modo de curvar las rodillas
y de tensar los muslos
debajo del vaquero;
muerte lenta
contemplar, sin tocarlo,
el pequeño tatuaje en tu cintura.
Será mejor sufrir que detallar los pechos:
¿quién se atreve a cruzar
los toboganes
que unen la palabra con su objeto?
Así que huyo
y finjo distracción;
si volvieras la vista a quien te escribe
desaparecerías, y es demasiado pronto.
Sigue leyendo, Claudia.
Haces bien en amarte.
                                          Andrés Neuman

domingo, 5 de agosto de 2012

Leopoldo Maria Panero " The End"



He fumado mi vida y del incendio
sorpresivo quedan
en mi memoria las ridículas colillas:
seres que no me vieron, mujeres como vaho,
humo en las bocas, y silencio
por doquier, como un sudario
para lo que no quise ser, y fue
como vapor o estela sobre las olas ociosas, niños con marinera
que en la escuela aprendieron el Error.
No había nadie en aquel pozo, estaba
vacía la cárcel, pienso cuando
abriendo al fin la puerta, y descorriendo
por fin el cerrojo que me unía
inútilmente a las águilas, y me hacía
amar las islas y adorar la nada,
descubro
banal, y sonriéndome, la luz.

viernes, 3 de agosto de 2012

Leopoldo Maria Panero "Diario de un seductor"

No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
                                      desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.

"El que no ve" 1980.